Dicen que al guardabosques de Rodolfo II le gustaban tantos los lobos que recorrían el foso del Ciervo del castillo, que se convirtió en uno de ellos. Hoy, el hombre lobo de Praga tiene el aspecto de un perro grande y suele perseguir a ciclistas, turistas y corredores, por lo que conviene volver la cabeza de vez en cuando.

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