Cuenta la leyenda que un ladrón entró en la iglesia de Santiago e intentó robar las joyas de la Virgen, pero la estatua le asió por el brazo y un carnicero de la ciudad tuvo que amputárselo. Dicen el ladrón manco aún vaga por el templo pidiendo ayuda a los visitantes para recobrar su extremidad, que cuelga de un muro del interior.

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